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Los Dobermann del señor Higgins

Hoy les toca el turno a la pareja de “dóciles” Dobermann que aparecen en una de las series que marcó mi infancia, Magnum, p.i. (CBS: 1980-1988), una mezcla de comedia, acción y drama. ¿Quién no recuerda al guaperas de Tom Selleck interpretando a Thomas Magnum? Ese investigador privado mostachudo, adicto a las camisas de flores y a las bermudas y residente en Oahu, Hawai…

Thomas Magnum es un investigador privado (de ahí lo de p.i. del título, private investigator) que reside en la mansión de Robin Masters, un misterioso escritor rico y famoso que vive en el anonimato. Parece que en el pasado, Magnum hizo algún tipo de favor a Masters y éste le deja vivir en la casa de invitados de su mansión, vaciar su selecta bodega de vinos y utilizar su espectacular Ferrari rojo.
Magnum es un vividor y un mujeriego nato que se gana la vida resolviendo casos con la ayuda de sus dos amigos y ex-compañeros de Vietnam, Rick y TC.

En contrapunto a su estilo de vida desenfadado, encontramos al mayordomo que custodia la mansión de Masters, Jonathan Higgins (John Hillerman). A parte de vigilar la mansión y sus alrededores, también se encarga de controlar y cortar el rollo a Magnum. Para llevar a cabo estas tareas, Higgins (doctor en Matemáticas y ex-combatiente de la Segunda Guerra Mundial) cuenta con la ayuda de sus dos fieros Doberman, Apolo y Zeus, a los que nadie se puede enfrentar.

Zeus y Apolo son dos Dobermann muy inteligentes y territoriales que obedecen a la perfección las órdenes de Higgins. Son los encargados de vigilar la finca y de atacar y perseguir a cualquier intruso o sospechoso, incluso si este es el mismo Magnum.

Estos dos angelitos disfrutan de todos los lujos de la finca, campan a sus anchas por el terreno y siguen una dieta basada en filetes y solomillo.

Durante toda la serie (ocho temporadas) Zeus y Apolo fueron interpretados por diferentes Doberman. En la primera mitad de la primera temporada se utilizaron tres perro-actores, dos hembras llamadas Cola y Nohea y un macho llamado Joe. A mitad de esta temporada, el adiestrador de estos tres Dobermann, Karl Lewis Miller, dejó la serie y fue sustituido por Scott E. Hart, que en la segunda temporada, despachó a Cola, Nohea y Joe y empezó a trabajar con sus perros, dos machos, Whisky y Brutus, y una hembra, Dominique.

Se dice que Whisky, Brutus y Dominique llegaron a ganar unos 1.000 dólares a la semana y que tenían que volar desde Los Angeles a Hawai para grabar sus escenas. Los productores, para ahorrarse el dineral que suponía grabar con estos perros, cada vez les hacían aparecer en menos escenas e incluso intentaron reemplazarlos. Digo intentaron porqué Tom Selleck y John Hillerman se negaron a seguir en la serie si no lo hacían los perros también. Será que Tom se sentía cómodo perseguido por estas bestias…

El clan de los Doberman

Hace muchos años vi una película de esas de serie B que tanto me gustan y con la que recuerdo disfrutar como una cría. A causa de mi memoria de pez, casi cometo la atrocidad de eliminarla de mi disco duro pero, por suerte, existen amigos con el mismo “mal gusto” que yo que me van recordando todas esas horas perdidas delante de la pantalla.

Ayer mismo volví a revivir uno de esos buenos momentos. Vi El clan de los Doberman (1972, Byron Chudnow), una película sin Dobermanninguna pretensión más que la de hacer pasar un buen rato a los amantes de la acción. ¿Qué mejor idea que la de adiestrar un grupo de seis Dobermann para que asalten un banco?

Todo empieza con el propósito de atracar un banco de una forma inusual y para ello, el protagonista y su banda deciden contratar a un militar adiestrador de perros para que entrene a los seis Dobermann. El robo acaba siendo todo un éxito.

Para más inri, los seis animales se llaman igual que algunos de los atracadores de bancos más famosos de la historia. Tenemos a Dillinguer (John Dillinguer), Bonnie (Bonnie Parker), Clyde (Clyde Barrow), Pretty Boy Floyd, Baby Face Nelson y Ma Baker.

El director, Byron Chudnow, dirigió dos películas más para el cine: Los Doberman al ataque (1973) y Los Doberman atacan de nuevo (1976). En esta última, los perros son utilizados para combatir el crimen y no para quebrantar la ley, tal vez intentando limpiar un poco la imagen de la raza.